Si no podés cuidar de un animal, no lo tengas. Parece simple pero las cifras de abandono indican que no lo debe ser tanto.
Tener animales domésticos es un privilegio. Antes de compartir la vida con un animal tenés que tener en cuenta algunos aspectos básicos: ¿Tenés tiempo para cuidarlo? (aseo, paseos, juegos, limpieza de arenas, visitas a la clínica veterinaria...) ¿Tenés lugar para él? (en casa, en el auto, en el lugar de vacaciones...) ¿Tenés dinero suficiente? (comida, arena, desparasitadores, vacunas, adiestramiento, imprevistos...) ¿Tenés alguien que lo cuide en tus vacaciones? (familiares, amigos, dinero para una residencia) Y todo esto durante los 15 años de su vida…
Luego de reflexionar y una vez tomada la decisión, debés escoger al animal más adecuado a tus características y hábitos de vida (por ejemplo, un cachorro no puede pasar diez horas solo, un perro grande no puede estar en un departamento, etc.).